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Home Alimentación Tercera Edad ADAPTABILIDAD HUMANA

ADAPTABILIDAD HUMANA

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No hay bases genéticas para la selección natural de gente con una larga proyección de vida, a menos que esto esté relacionado con una característica que se manifiesta durante los años reproductivos; por ejemplo, una persona que fue apta físicamente y activa como adulto joven podría conservar estas mismas características en su vejez, y por ello sobrevivirá por un mayor período que una persona sedentaria. La supervivencia hasta una vejez extrema podría, incluso, tener consecuencias negativas para una comunidad que estuvo viviendo en un hábitat desafiante. Por ejemplo, la supervivencia de los abuelos podría incrementar la demanda sobre las limitadas reservas de alimentos, y en un período de la historia Inuita era aceptado que luego que una persona anciana hubiera transmitido sus conocimientos acumulados a cerca de habilidades para la supervivencia a la próxima generación, salía del iglú a caminar para morir deliberadamente en el frío del invierno.  

Aún a una edad más joven, parece improbable que un alto nivel de actividad física habitual y la aptitud física resultante tenga un gran impacto sobre la selección natural. Uno de los más llamativos descubrimientos del Proyecto de Adaptabilidad Humana del Programa Biológico Internacional (Shephard, 1978), fue la similitud de las características fisiológicas entre personas que estuvieron viviendo en ambientes muy diferentes. Se pueden sugerir algunas posibles explicaciones (Shephard, 1980). Primeramente, los desafíos planteados por un ambiente dado difieren enormemente de una estación a otra. En el caso de los Inuitas, por ejemplo, la emergencia de las características fisiológicas que favorecen la supervivencia en el invierno, puede estorbar la supervivencia en los meses de invierno. En segundo lugar, muchas poblaciones indígenas han colonizado la confluencia de varios ecosistemas diferentes, por ejemplo, recorriendo los picos de cadenas montañosas y la profundidad de valles boscosos. Por eso, las características que ayudan a la supervivencia en un ecosistema no son de valor, o aún son un estorbo en un terreno vecino. En la mayoría de los ambientes, la supervivencia depende más del poder cerebral y de una capacidad para la innovación técnica que de la aptitud física y la capacidad para ejercicios extenuantes. Finalmente, en muchas situaciones la muerte aparece no por una desadaptación fisiológica sino por un accidente insalvable, enfermedad o una hambruna catastrófica.

Por eso, podemos argumentar que los humanos fueron creados con el ejercicio en la mente pero la evidencia que la adaptación evolutiva nos ha forzado hacia el ejercicio no es muy convincente.

 

 

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