Joomla!

 
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Home Alimentación Lactancia ALTERACIONES DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA DEL LACTANTE Y PREESCOLAR

ALTERACIONES DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA DEL LACTANTE Y PREESCOLAR

E-mail Imprimir PDF

Respecto de los trastornos de conducta alimentaria del lactante y preescolar, el DSM-IV propone como elementos centrales de su diagnóstico a los siguientes:

• Incapacidad persistente para comer adecuadamente, una incapacidad significativa para ganar peso o una pérdida de peso, con una duración mayor a 1 mes.
• Ausencia de enfermedad digestiva u otra enfermedad médica.
• El trastorno alimentario no se explica por la presencia de otro trastorno mental o por simple no disponibilidad de alimentos.
• El inicio del trastorno debe ser antes de los 6 años de edad. Casi todas las experiencias comunicadas a nivel internacional muestran que casi todos los niños con estas alteraciones la presentan desde el primer año de vida.

Estos problemas para alimentarse adecuadamente se ha observado que con frecuencia se enmarcan dentro de los llamados trastornos del desarrollo.

Es relativamente frecuente que los mismos lactantes que presentan dificultades precoces para alimentarse sin estar ello asociado a enfermedad, tienen también trastornos en la regulación del ciclo sueño-vigilia y dolores cólicos. Estos últimos tienden a pasar después del primer trimestre de vida, pero el rechazo del alimento tiende a persistir. Hay varios estudios que sugieren una asociación entre trastornos del desarrollo o la presencia aislada de trastornos precoces de la conducta alimentaria, con el síndrome de déficit atencional e hiperactividad en edades posteriores (Wolke, D, 2002; Becker, K, 2004).

¿Qué hay que tener en cuenta cuando un niño no quiere comer?

Evaluar si:

• El lactante no come cantidades adecuadas en relación a las recomendaciones para edad, sexo y actividad física
• No come “todo lo que la madre quiere que coma” , o bien no come solamente algunos alimentos
• Hay signos de enfermedad orgánica
• Si esta conducta está asociada a retraso de crecimiento o a signos de desnutrición
• La edad  y desde cuándo está presente el problema. La presencia de alteraciones de la conducta alimentaria desde el primer semestre de vida obliga a pensar en patología orgánica.

Para responder esto se deben evaluar:

• La ingesta calórica-proteica, de micronutrientes: un consumo real dentro de rangos de normalidad, orienta más a un problema de trastorno del apetito no asociado a enfermedad. 
• El estado nutricional: un problema de apetito en un niño pequeño desnutrido es sugerente de una enfermedad orgánica de base. Un compromiso leve de talla junto con un peso normal para esa talla se observa con alguna frecuencia en los trastornos del apetito sin asociación a una enfermedad, así como también en aquellos asociados a enfermedad.

Es indispensable efectuar una anamnesis dirigida sobre las relaciones del niño con sus mayores, en especial su madre o la persona que está a su cuidado además ser capaz de reconocer si hay algún problema psicológico del entorno familiar y del niño.

¿Cuál es el manejo básico del lactante o preescolar que presenta
dificultades de alimentación?

Una vez efectuada una anamnesis y un examen físico adecuados y descartado con fundamento que ellos no orientan a otra enfermedad, los esfuerzos deben dirigirse a reorientar prácticas alimentarias en el hogar: establecer horarios de alimentación, restringir el consumo de golosinas y jugos de fruta, adecuar los horarios de televisión u otras entretenciones, reorientar el modo de relacionarse de la madre con su hijo en general y en especial durante los horarios de alimentación, aliviar la tensión familiar y materna ante el niño que no se come todo lo que se le está ofreciendo y que no presenta problemas de crecimiento, proponer modificaciones dietarias si ellas se justifican. 

Debe evitarse todo tipo de técnicas alimentarias inapropiadas como castigos, súplicas y sobornos para que el niño coma.

Exámenes  de laboratorio

Es frecuente la solicitud por el médico de exámenes de laboratorio, siendo los más frecuentes el hemograma, el examen coproparasitológico y el examen de orina.

En ausencia de elementos anamnésicos o del examen físico orientadores de enfermedad es de muy poco valor el hemograma. La deficiencia de hierro no se conoce que tenga relación con alteración del apetito. En relación con el examen coproparasitológico, los parásitos podrían tener asociación con anorexia asociado a pérdidas de nutrientes que son clínicamente detectables (diarrea aguda o crónica) y que en forma concomitante, llevan a un compromiso del estado nutritivo. Por último, el examen de orina permite comprobar si hay una infección urinaria u otras alteraciones sugerentes de enfermedad renal; la infección urinaria puede estar asociada a anorexia, especialmente si presenta signos clínicos sugerentes, tales como fiebre y compromiso del estado general.

Por lo tanto no existen exámenes de laboratorio de rutina y sólo se solicitarán, si de la evaluación epidemiológica local, edad del paciente o de la clínica (anamnesis o examen físico) se sospecha patología de base del niño; o si en la encuesta nutricional se sospecha deficiencia de nutrientes específicos.

Uso de fármacos

El uso de medicamentos estimulantes del apetito, en general tiene poco fundamento y podría tener justificación como una última herramienta, con efecto placebo no bien evaluado hasta ahora.

• Diversos preparados medicamentosos contienen carnitina en cantidades de 200-250 mg por dosis, con propósitos de estimular el apetito. Este es un aminoácido no esencial, sintetizado por el organismo a partir de lisina y metionina; a esta síntesis se suman los aportes dietarios proporcionados por la ingestión de proteínas de origen animal. Hay varias causas de deficiencias secundarias de carnitina, pero no hay causas aisladas que justifiquen su uso como estimulante del apetito.

• Se han usado tradicionalmente las vitaminas como un estimulante del apetito. Se ha estudiado el efecto de la mayoría de las vitaminas sobre el apetito. No hay evidencias de un efecto favorable sobre él de las vitaminas A, D, K, E, C, folato, riboflavina, B6, B12; existe una asociación con desnutrición del déficit severo de piridoxina (beri-beri) y también una asociación con anorexia del déficit severo de ácido nicotínico (pelagra).

• Los preparados comerciales con atribuciones de tener efecto sobre el apetito, frecuentemente contienen minerales. Entre los minerales no hay tampoco evidencias sobre un efecto del calcio, fósforo o magnesio en la conducta alimentaria. Entre los oligoelementos, en los estudios efectuados sobre nutrición de hierro y sus efectos clínicos, no se ha podido demostrar una relación con crecimiento o con estímulo del apetito. En relación con el cobre existe una relación con estímulo del crecimiento al suplementar con cobre a lactantes pequeños y desnutridos, con déficit nutricional de cobre. El zinc es uno de los pocos nutrientes específicos respecto del cual hay antecedentes suficientes para relacionarlo con alteración de la conducta alimentaria. Sin embargo ese efecto está asociado a deficiencia de zinc, sin haberse demostrado que haya un efecto en personas con buen estado nutricional de zinc.

Blibliografía Consultada

- Salas MA, Pizarro FA. Problemas de rechazo alimentario en lactantes. Rev Chil Nutr 1998; 25.
- Castillo CD, Acharán X, Alvarez P, Bustos PM. Apetito y Nutrición. Rev Chil Pediatr 1990; 61: 346-353.
- Black MM, Dubowitz H, Hutcheson J, Berenson-Howard J, Starr RH Jr. A randomized clinical trial of home intervention for children with failure to thrive. Pediatrics 1995;  95: 807-814.
- Ramsay M, Gisel EG, Boutry M. Non-organic failure to thrive : Growth failure secondary to feeding-skills disorder. Develop Med Child Neurol 1993 ; 35 : 285-297.

 

Auspician